Como un gran amigo un día me dijo:
-No escribas jamás con la intención de enseñar nada a nadie, es un gran error-.
Pues si a este consejo me remito he de confesar que a menudo me sucedía algo parecido, escribía queriendo hacer ver a los demás que mí verdad era la correcta, que si no relatara un hecho tal y como yo lo veía, mí interlocutor no lo iba apreciar. Y caía en el error de subestimar la capacidad analítica de las personas que me rodeaban; ello me convirtió en un estúpido.
Creo de todo corazón que con el tiempo he subsanado ese lamentable defecto y ahora deseo escribir, sin más, sencillamente escribir.